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Durante esta semana que está terminando he tenido la oportunidad de rotar por Urología. Como ya expliqué cuando hablaba el curso pasado de las prácticas de Psiquiatría y Onco-Hemato, yo aposté por distribuirme las asignaturas de una forma un tanto “especial” quitándome asignaturas de sexto el año pasado y, en cambio, este año tengo esta asignatura que en Murcia se cursa en quinto. A priori, y para ser sinceros, iba con una mala predisposición sobre lo que podría ver en quirófano pues como los propios urólogos comentaban, entre bromas, todo el mundo cuando piensa en el urólogo piensa en el aparato reproductor masculino y poco más. Si a eso añadimos que la única especialidad quirúrgica que me planteo de cara al MIR es Neurocirugía, pues no tenía mucha fé en que me pudiesen gustar demasiado.

Por suerte, no fue así y la verdad es que no me desagradó para nada. No es una especialidad que me plantee de cara al MIR, pero podría calificar el rotatoriio como ameno, entretenido y enriquecedor en cuanto a conocimientos técnicos y teóricos. Tuve, además, la suerte de dar con un equipo de urólogos que tenían una predisposición buenísima hacia los estudiantes, ganas de enseñarnos y un gran sentido del humor. Estos tres pilares hacen que el estudiante (y más en prácticas quirúrgicas) salga del quirófano sintiéndose agusto, aprenda y además pase un buen rato.

En cuanto a OPERACIONES que pude ver durante los días que estuve allí, quizás la más llamativa fue una operación que nos comentaba un urólogo que seguramente ningún compañero de mi promoción haya visto en los seis años de carrera que llevamos.

La operación en cuestión era una reconstrucción de uretra posterior, en un paciente de 34 años que había tenido un intento de autolisis (obvurología-quirófano-prostata-posterior-practicasiando el eufemismo: un acto suicida) precipitándose desde un tercer piso, el paciente se partió literalmente la sínfisis púbica, la cadera, el hueso coxal… Los traumatólogos, en un primer momento, consiguieron “recolocar el puzzle” óseo a base de osteosíntesis, clavos, placas y tornillos por todos lados y, al tiempo, fue cuando los urólogos tuvieron que hacer dicha operación. La complicación de la misma residía en que las fracturas óseas habían, literalmente, cizallado la uretra por lo que había que hacer un abordaje a nivel del suelo pélvico para encontrar el “cabo distal” de la uretra, por decirlo de alguna forma, y, por otro lado, un abordaje abdominal para intentando empujar la vejiga o iluminándoola encontrar mirando por la zona que hemos abierto en el suelo pélvico el extremo del “cabo proximal” para anastomosar ambos fragmentos y que el paciente pueda volver a utilizar su uretra (y, por lo tanto, orinar a través de su pene pues hasta el momento tenía un drenaje a través de pared abdominal).  Fue una operación bastante compleja y técnica, pero me pareció bastante llamativa.
*La foto adjunta pertenece al campo quirúrgico del paciente y todos los hilos son los puntos que se tuvieron que dar para hacer la anastomosis uretral.

Otras operaciones que vimos con relativa frecuencia fueron las RTUs y, por último, me gustó bastante la Prostatectomía Radical Laparoscópica, que se le realizó a un paciente de unos sesenta años, el cual presentaba un cáncer de próstata bastante agresivo. Esta intevención como su nombre dice es “radical” pues se extirpa completamente la próstata (a diferencia de una RTU, por ejemplo, donde sólo se extirpa la parte central de la misma) con las ventajas obvias que tiene una laparoscopia (menor estancia hospitalaria, menores dolores, cicatrices más que discretas, un postoperatorio mejor para el paciente…) y además se añade que al ver tan bien el campo quirúrgico por los monitores el cirujano es más fino en cuanto a preservación de paquetes nerviosos y demás lo que favorece la continencia y produce menos complicaciones urinarias iatrogénicas. La técnica, nos comentaba un cirujano, que lleva sólo veinte años utilizándose en el mundo y que es sumamente compleja, que aprender a dominarla con total confianza supone un proceso de aprendizaje de hasta tres años.

En conclusión fueron unas prácticas bastante breves, pero intensas y bien aprovechadas que me dejaron con una buena impresión general de la especialidad.

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