Aprender no siempre es sinónimo de estudiar

Como bien dice el título aprender no siempre es sinónimo de estudiar, aunque en Medicina parezca que el fin de todo ser humano es única y exclusivamente estudiar. Estos últimos días he estado bastante liado terminando las últimas prácticas de este curso, tratando de ordenar mis ideas con respecto a asignaturas y demás, organizándome el estudio que tengo que llevar a cabo hasta julio que acabo mis exámenes y tratando de encontrar motivación para ello.

Durante los rotatorios de prácticas estoy acostumbrado a ver a dos tipos de médicos:
El pasota: es el típico médico al que desde el primer minuto se le nota que le das completamente igual y que permite que estés con él porque de algún modo su jefe les obliga. Nunca te explican los casos, ni te comentan nada sobre las patologías de sus pacientes. Además tienen una facilidad para firmarte las prácticas descomunal, en cuanto pueden te firman y adiós muy buenas, aunque no hayas aprendido absolutamente nada. Por suerte, son los menos.

El motivado (en el mejor de los sentidos): son médicos que te tienen hasta que acaba la consulta, la planta o el quirófano (aunque sean las tres de la tarde) a su lado y no entienden que eres estudiante y no tienes que quedarte hasta tan tarde llegando incluso a indignarse cuando le dices a la hora de comer que te has de marchar. Por lo general son sumamente docentes y te piden que les hagas preguntas para contestártelas.

Pero hasta ahora había encontrado muy pocos médicos que me enseñasen más que lo que puedes encontrar en un libro. El otro día tuve la suerte de dar con uno de ellos. A simple vista dirías que es un médico más, pero fue el único que realmente se molestó en enseñarme algo más de lo que me pone en los libros, que me habló sin tapujos sobre los “entresijos” que conlleva el ser médico y que me trató de tú a tú. En esta carrera hay demasiadas cosas que no aparecen en los libros. Durante seis años aprendemos listas enteras de patologías, aprendemos la teoría sobre cómo diagnosticarlas, cómo prevenirlas, cómo tratarlas… pero realmente nadie nos enseña cómo ser médicos o, al menos, cómo ser buenos médicos. Es por eso que cuando encuentras a alguien que le gusta lo que hace, que sabe mucho sobre su trabajo y que te enseña todo lo que su trabajo conlleva desinteresadamente… se agradece y mucho.

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