El día del MIR

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… Y llega el Día D, el día del MIR. Cuando estás estudiando el MIR parece que nunca llegará el día del MIR. Durante los últimos días entras en un bucle continuo de “no quiero que llegue, quiero volver a octubre y hacer mejor todo aquello que no he hecho bien” y “por favor, que llegue ya, que necesito que termine“.

Al final el día del MIR llega, por suerte sueles estar aleccionado por las academias con algunos consejos del tipo “acuéstate tarde, para levantarte tarde y acortar esa mañana” y ya sabes que será una mañana complicada donde tendrás que controlar tus nervios, pero, sobre todo, tus inseguridades.

En mi caso, me levanté, me dediqué a navegar por internet, leer mis periódicos favoritos, organizar algunos asuntos que tenía pendientes para el postMIR, contestar algunos emails, dar vueltas por casa hablando con la familia, escuchar música y preparar la lista de Spotify que usé para ir hasta donde me examinaba.

Desde que hice Selectividad siempre he preferido en los momentos antes del examen aislarme un poco, ponerme mis auriculares y no participar ni escuchar conversaciones que sólo sirven para generarte dudas que, en muchos casos, realmente no tienes.

Opté por comer tranquilamente en casa y desplazarme después, con tiempo de sobra, hasta el lugar del examen. Recuerdo que fui todo el viaje casi con la mente casi en blanco, escuchando música y tranquilo, como si fuese un simulacro más o un viaje rutinario más de Cartagena a Murcia (donde vivo; donde me examinaba, separadas a unos 50kms).

La sede del examen había sido la sede de CTO durante todo el curso con que ese factor de desconocer dónde era el examen, localizar el sitio y demás estaba más que anulado. Recuerdo que llegué sobrado de hora y mientras caminaba hasta la puerta de la sede revistas, revistas y más revistas postMIR. “¿MIR o EIR?, Suerte“, “Toma esta info sobre el postgrado y mucha suerte” y así hasta cinco o seis veces.

Una vez en la puerta lo único que quedaba era comprobarte en las listas, ver que todo estaba correcto y cómo la gente empezaba a impacientarse porque los de seguridad nos abriesen las puertas y permitiesen entrar al edificio. Ya dentro del edificio faltaba todavía un buen rato por lo que estuve con varias compañeras haciendo tiempo hasta que se aproximase la hora de los llamamientos para intentar hacer más corta la espera y entrar al aula lo más relajado posible.

Mientras esperaba que saliese la persona del Ministerio que tenía que nombrarnos en mi aula recuerdo que apuré los últimos minutos escuchando música, hasta que prácticamente empezó a nombrar no apagué el móvil y lo guardé… No me apetecía nada escuchar comentarios nerviosos de “a ver cómo se han portado este año“, “esperemos que sea como los últimos simulacros“…

Una vez que “la señora caraperro” (en mi caso fue señorA y fue bastante agradable, todo sea dicho) nos nombra, sólo quedaba entrar al aula, que verificasen que eras tú el opositor, que te indicasen tu asiento y a esperar… Recuerdo que me sentaron en una zona del aula donde la mayoría de gente repetía el MIR, tenía una especialidad previa o era de otra academia con que prácticamente no conocía a nadie, pero siempre había un “buena suerte” para quien estuviese cerca y miradas de desesperación conforme pasaban los minutos y no empezaba el examen.

En mi aula faltaron tres personas más o menos y los encargados del Ministerio nos pidieron unos minutos más porque si abrían las cajas ya no podrían entregarles a estos compañeros el examen. Una vez que entregaron el examen nos permitieron contabilizar las hojas y comprobar que estuviesen todas (hay mesas donde está prohibido manipular el examen hasta que empieza oficialmente). En mi caso fueron bastante permisivos: se podía comer, se podía beber, se podían usar tapones… Incluso a una compañera se le calló un tapón y solicitó una de las personas del Ministerio que si alguien le podía dar uno, no sin añadir un chascarrillo de “¿serán de los de goma, que no llevan piganillo, no?

El examen comenzó y, como a muchos, me descolocó, empecé a ver que había treinta fotos y treinta preguntas asociadas a fotos lo cual, de entrada, me desagradó porque, en mi caso, muchos casos clínicos de foto durante los simulacros los había sacado gracias a la información secundaria que te dan en la segunda pregunta asociada al mismo, pero bueno, decidí hacer mi examen como siempre, como un simulacro más, y con el método ensayado durante los meses previos.

El tiempo fue suficiente. Iba controlándolo en todo momento y no me faltó. Supongo que al que nunca le diese tiempo en la academia, en el MIR también iría apurado y a los que le sobrasen tiempo en la academia, pues también les sobraría algo de tiempo. Sí es cierto que había preguntas larguísimas que, en otras ocasiones, con leer la última frase y poco más podías descartar, pero este año, por ejemplo, si eran de comunicación médico-paciente estabas obligado a leerlas de punto a punto en varias ocasiones para evitar que se te escapase un matiz que hiciese mejor otra opción. Con que había que gestionar tu tiempo como una calculadora y si ahí perdías dos minutos para tratar de arañar la neta, luego tocaría correr en otras más cortas para compensarlo.

En cuanto a salidas al baño hice una. Realmente, como decían en la academia, casi nadie se levanta. No te es necesario, pero yo estaba acostumbrado a salir al baño, me servía para despejarme, para desconectar por un momento, aprovechar para echarme algo de agua en la cara y volver con más ganas al examen. Pierdo 4 o 5 minutos, pero me sirve para descansar cuando estoy muy saturado, para “premiarme” por llevar algo más de medio examen hecho y para volver con algo más de motivación diciéndome “venga, que ya queda menos”. La persona del Ministerio te acompaña, se espera en la puerta del lavabo y, de nuevo, te acompaña a la clase.

Casi todo el mundo tiene una anécdota del MIR… En mi caso fue la mujer de la tos. Tenía delante a una chica que se tiró como una hora con accesos de tos. Todo el santo rato tosiendo. Eso sí, ella llevaba tapones para que no le molestasen los demás, aunque ella fastidiase a todos. Estaba sentada justo dos asientos delante de mí y resultaba, cuando menos, molesto intentar concentrarse con alguien tosiendo repetida y bruscamente. Una de las personas del Ministerio se acercó a ella a preguntarle si estaba bien, a ofrecerle incluso un caramelo que ella declinó… Supongo que no costaba tanto salirse fuera tres minutos, beber agua y expectorar si era necesario. Cuando estás en una examen tan importante has de intentar ser lo menos molesto para los que te rodean en todos los aspectos: no hacer ruido excesivo al masticar, levantarte con cuidado, bajar las escaleras con cierta sutileza… Respetar para ser respetado, siempre. ** Editado a 29/02/2016: En los comentarios desarrollo más sobre este párrafo, mis mejores deseos en la obtención de plaza para la compañera.

Después del examen recuerdo que sales completamente noqueado. Sales del edifico donde se hace el examen, ves a muchísima gente con pancartas, abriendo champán, gritando, con matasuegras, con confeti… Ves a muchísima gente, pero no reconoces a nadie. No sabes ni dónde estas, ni dónde están los tuyos. Aún llevas el móvil apagado porque te recalcaron desde el Ministerio que había que apagarlo y tardas unos minutos en darte cuenta de que has terminado el examen y que el 2MIR16 ya es historia.

7 comentarios en “El día del MIR”

  1. Una bonita entrada, real, sincera… Te deseo que sea el comienzo de un deseado futuro en la especialidad deseada. Mejor dicho…que sea ya tu presente…
    Mucha suerte!

    1. Muchas gracias Ángela. Siento que, por lo visto, se haya visto algo distorsionada mi anécdota de la chica que tosía. Al final lo que quería transmitir es que para los que vengan detrás y vayan a futuros MIR, tanto en los simulacros como el día del MIR, intenten molestar lo mínimo posible a sus compañeros.

      El futuro, de momento, es una página sin escribir. Mañana Comisiones Calificadoras y el 8 empieza el primer párrafo. A ver qué pasa. Toca esperar y tratar de disfrutar de estas vacaciones extrañas 😀

      1. Tienes más de 6000 posibilidades… El Mir pasado, por ejemplo, Psiquiatría se eligió hasta un puesto por encima del 5000.
        Mucha suerte, cuéntanos cómo ha ido todo Marcos.

  2. Lo de los accesos de tos me ha dado gracia xD, pero por otro lado pobrecita, es cierto que ella usaba tapones pero imagínate estar uno enfermo en día del MIR, quien sabe si ella se sentía mal también.

    Bueno no sé yo mejor no digo mucho que yo de seguro iré enferma el próximo año XD.

    Estaba esperando que escribieras esta entrada a ver como fue, así que me alegro que no se te haya pasado ningún percance y ahora a esperar.

    1. Jajaja, ahora que han pasado los días lo recuerdo con cierta gracia. En ese momento, obviamente, te molesta porque lo más mínimo que te desconcentre sabes que corre en tu contra. Como comento en el comentario de “R anónimo” obviamente: pobre chica, mis mejores deseos. Y lo único que le critico a la mujer es que no hiciese mucho para tratar de que cesase esa tos cuando alrededor éramos tantos jugándonos tanto.

      Quería que fuese una simple anécdota y ha acabado siendo lo más comentado jejeje.
      No creo que nunca lo lea esa chica en concreto, pero mis mejores deseos para la compañera 🙂

      La espera es lo más duro. Acaba el MIR, intentas desconectar, viajas, pero siempre tienes el reloj y las cuentas atrás siguientes: impugnaciones, comisión calificadora, listado provisional… Creo que es más agónico que los días previos del MIR porque no depende ya de ti, descansas, pero no llegas a desconectar. Es un impasse molesto :S

  3. Cuando hice el examen MIR hace 4 años me dio un ataque de tos que me duró 3 horas. No funcionó ni beber agua, ni codeína, ni caramelos, ni nada. Y te aseguro que desconcentra más tener tos sin parar que oir toser a alguien.

    1. Jejeje no lo dudo, pretendía comentarlo con cierto humor, aunque es cierto que resultó molestó.
      Siempre hay gente desubicada. Se pidió que se tuviese cierto cuidado al levantarse la gente de las sillas (eran filas de asientos articulados con muelles que golpeaban con fuerza), al bajar las escaleras (era un aula escalonada)… y mientras que la mayoría tratábamos de no molestar a los demás si salíamos, siempre había alguno al que le era indiferente que sus compañeros estuviesen haciendo un examen.
      En mi caso personal lo que “me molestó” fue que la chica no hizo NADA para intentar que le cediese la tos: ni agua, ni codeína, ni siquiera aceptó un caramelo ofrecido por la mesa del Ministerio. Ella con sus tapones, su ataque de tos y los de alrededor que no llevábamos tapones tratando de concentrarnos. Y eso es lo único que critico, salvando eso pobrecilla por el ataque de tos y el mejor de los deseos para esa compañera con la obtención de su plaza 🙂

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